jueves, 18 de noviembre de 2021
LOS CINCO PUNTOS DEL ARMINIANISMO
LOS
CINCO PUNTOS DEL ARMINIANISMO
En este tiempo en que tanta información
está disponible con mucha facilidad, por medios digitales y redes sociales, no
podemos escaparnos también de la desinformación existente. Y la Teología no se
escapa de este problema.
Las redes sociales están
llenas de debates teológicos, y uno de los que más me llama la atención es
especialmente en lo que tiene que ver con el arminianismo y el calvinismo sobre
las Doctrinas de la Gracia.
He leído tantos ataques de
parte y parte acusándose unos a otros de herejes y no cristianos. Yo en lo
personal, cuando he tratado estos temas y he presentado mi posición he recibido
ataques e insultos por parte de calvinistas, ya que según ellos yo no comprendo
todavía el Evangelio, y en otras palabras no soy cristiano.
Parece ser que la
evangelización ha pasado de ser el presentar el Evangelio que nos muestra la
Palabra de Dios, para ahora ser el presentar cierto sistema doctrinal elaborado
por ciertas tradiciones cristianas, y para muchos si alguien no acepta todo el
sistema doctrinal pues no ha aceptado el Evangelio. Pero nada más lejos de la
verdad.
Otra cosa muy interesante es
que, al buscar información sobre estos temas en internet, abundan los
materiales desde la perspectiva calvinista, pero existe una escasez de trabajos
serios desde la perspectiva arminiana. Es por esta razón que quiero
comenzar una serie de artículos presentando este sistema de pensamiento.
No quiero decir aquí que
solamente existen estos dos extremos dentro de la teología cristiana. Yo mismo
no estoy de acuerdo con todo el sistema arminiano, pero considero importante
conocer a profundidad cada sistema de pensamiento para después poder adoptar
alguna postura teológica.
¿Quién
fue Jacobo Arminio?
Jacobo Arminio fue un pastor y teólogo
holandés, nacido el 10 de octubre de 1560. Fue formado dentro de la teología
calvinista en la universidad de Leiden, aunque se cuenta que tuvo profesores
contrarios a la misma, quienes influenciaron su pensamiento.
Pero fue en 1589 cuando
Arminio tenía que preparar una defensa de la doctrina calvinista de la
Predestinación, cuando fue consiente de los extremos de esta enseñanza, y trató
de modificarla.
Arminio no estaba de acuerdo
con que Dios incondicionalmente eligiera solo a ciertas personas para la
salvación y decidiera la condenación de otros, como Calvino enseñaba. Aunque
hoy muchos calvinistas dirán que Dios no predestina a nadie para la
condenación, sino que solamente los pasa por alto. Ciertamente esa no era la
perspectiva de Calvino mismo. También al final de cuentas no hace mucha
diferencia decir que Dios los predestinó para condenación, o solamente decidió
no salvarlos. Profundizaremos esto más adelante.
Tampoco Arminio estaba de
acuerdo en que el sacrificio de Jesús en la cruz fuera solamente para los
elegidos, Arminio pensaba que la muerte de Jesús en la cruz fue por toda la
humanidad, pero se hace efectiva solo para quienes tienen fe.
Estos temas teológicos en
Arminio lo alejaron del calvinismo. Pero su teología fue desarrollada
plenamente solo después de su muerte en 1609 por sus seguidores, quienes en
1610 redactaron un documento que contenía cinco artículos que se lo conoce como
los Cinco Puntos del Arminianismo.
Los
Cinco Puntos del Arminianismo.
En 1610 Los seguidores de Jacobo Arminio
escribieron un documento al que lo llamaron Remonstrants que quiere decir un Manifiesto de Protesta.
Por eso también a quienes se apegaban a estas doctrinas se los llamó
Remonstrantes.
Los cinco artículos al final
del documento, o los cinco puntos del arminianismo son los siguientes:
Artículo
1
“Que Dios, por un propósito inmutable
eterno en Jesucristo, su Hijo, antes de la fundación del mundo, decidió de
entre la raza caída y pecaminosa de hombres, salvar en Cristo, por amor de
Cristo, y por medio de Cristo, a los que, a través de la gracia del Espíritu
Santo, creerían en su Hijo Jesús, y perseveren en esta fe y obediencia de la
fe, a través de esta gracia, hasta el fin. . .” (Boice, s.f.)
A este artículo se lo puede
resumir como La
Elección Condicional. Que enseña que Dios elige a su pueblo con la condición de la fe.
Contrario a la posición del calvinismo que habla de una elección incondicional.
Es decir, que Dios elige incondicionalmente quienes van a creer.
Para respaldar la posición
arminiana podemos citar muchos textos bíblicos como:
Juan 3:16; Hechos 16:31;
Efesios 2:8-9
Artículo
2
“Que, además, Jesucristo, el Salvador del
mundo, murió por todos y por cada uno de los hombres, de manera que ha obtenido
para todos ellos, mediante su muerte en la cruz, la redención y el perdón de
los pecados; sin embargo, en realidad nadie disfruta de este perdón de pecados,
excepto el creyente. . .” (Boice, s.f.)
A este artículo se lo puede
resumir como La Expiación
Ilimitada. Que
enseña que Jesús murió por toda la humanidad, pero esto se hace efectivo
solamente en los que creen. Esto contrario a la Expiación Limitada que enseña
el calvinismo.
Para respaldar bíblicamente
este punto podemos citar:
Juan 3:16; 1 Juan 2:2; 2
Pedro 3:9
Artículo
3
“Que el hombre no tiene gracia salvadora
por sí mismo, ni del poder de su libre voluntad, ya que, en el estado de apostasía
y pecado, no puede de sí y por sí mismo ni siquiera pensar, querer, hacer
cualquier cosa que sea verdaderamente bueno (tal como es primeramente, la fe
salvadora); pero que es necesario que de Dios en Cristo, a través de su
Espíritu Santo, él nazca de nuevo y lo renueve en el intelecto, inclinación, o
voluntad, y todas sus capacidades, a fin de que pueda entender, pensar, querer
y hacer correctamente lo es verdaderamente bueno. . .” (Boice, s.f.)
A este punto se lo suele
resumir como La Salvación por Fe.
Pero yo
personalmente preferiría resumirlo como La
Salvación por Gracia, por medio de la Fe. Ya que lo que está enseñando es que el ser
humano en su estado caído no puede por sí mismo creer en Jesús, y necesita de
la Gracia de Dios, por medio de su Espíritu para que lo atraiga a si mismo y le
permita creer. Esto en parte tiene que ver con la Depravación Total que enseña
el calvinismo, pero digo en parte ya que la forma de entender esto es
diferente.
Este punto es muy importante,
ya que muestra claramente que el arminianismo no es semi-pelagianismo como a
veces se lo acusa. El semi-pelagianismo enseñaba que el ser humano no está
totalmente depravado, sino que todavía tiene libertad por si mismo para ir a
Jesús. Pero vemos que en el arminianismo es diferente, el ser humano necesita
de la Gracia de Dios para poder creer. Pero, como vamos a ver más adelante la
diferencia con el calvinismo es que esta Gracia se la puede resistir.
Para respaldar este punto
podemos citar:
Efesios 2:8-9
Artículo
4
“Que esta gracia de Dios es el principio,
continuación, y el cumplimiento de todo bien, incluso en este sentido, que el
hombre regenerado, por sí mismo, sin esta gracia asistida o preveniente,
despertada, continua y cooperativa no podría ni pensar, querer, ni hacer bien,
ni resistir cualquier tentación al mal; de manera que toda buena obra o acción,
que podría concebirse, debe ser atribuida a la gracia de Dios en Cristo. Pero
respecto a esta manera de operar esta gracia, no es irresistible. .
.” (Boice, s.f.)
A este punto se lo puede
resumir como La Gracia
Resistible. Que
enseña que el ser humano puede resistirse a la Gracia de Dios. Al contrario de
la Gracia irresistible enseñada por el calvinismo.
Para respaldar este punto
podemos citar:
Hechos 7:51; Mateo 23:37
Artículo
5
“Que los que son incorporados a Cristo por
una fe verdadera, y por lo tanto son hechos partícipes de su Espíritu
vivificante, tienen así todo el poder para luchar contra Satanás, el pecado, el
mundo, y su propia carne, y para ganar la victoria; siendo bien entendido que
es siempre a través del auxilio de la gracia del Espíritu Santo; y que
Jesucristo les ayuda a través de su Espíritu en todas las tentaciones. . .
Pero si son capaces, por negligencia, de abandonar de nuevo los primeros
inicios de su vida en Cristo, de nuevo volviendo a este presente siglo malo, de
apartarse de la doctrina sagrada que le ha sido dada, de perder una buena
conciencia, de hacerse carentes de gracia, esto debe determinarse más
particularmente de la Santa Escritura, antes de que nosotros mismos podamos
enseñar con entera persuasión por nuestra mente” (Boice, s.f.)
A este punto se lo puede
resumir como La Posibilidad de
perder la Salvación. O de caer de la Gracia. Esto como consecuencia del punto anterior. Si la
Gracia es resistible, en cualquier comento se puede descuidar de permanecer en
la Gracia y se puede caer de la misma. Esto es contrario a la enseñanza de la
Perseverancia de los Santos que enseña el calvinismo. Es decir, que la
Salvación no se puede perder.
Para defender bíblicamente
este punto se puede citar:
Mateo 24:13; Apocalipsis 3:5;
Juan 15:6
Conclusión
Básicamente hemos presentado cinco puntos
que por lo general son la disputa entre calvinismo y arminianismo. La
responsabilidad de cada uno de nosotros es analizar todos estos puntos a la luz
de la Palabra de Dios para poder evaluar si es una u otra posición la que está
en lo cierto.
En siguientes artículos
analizaremos cada uno de estos aspectos detenidamente. Y evaluaremos si es
posible estar de acuerdo solo con algunos puntos y no con todos. Y también haré
referencia al tema del molinismo, que es una posición doctrinal que procura
hacer una explicación de la relación entre la Soberanía de Dios y la Libertad
Humana. Y por medio de la cual podremos mantener ciertas distancias a
cualquiera de las dos posiciones.
LA SANTIDAD EN EL PENSAMIENTO WESLEYANO - CUADRILÁTERO WESLEYANO
LA SANTIDAD
EN EL PENSAMIENTO WESLEYANO
INTRODUCCIÓN
Uno de los énfasis principales alrededor de los
cuales Wesley centra su acción ministerial, es la santificación. Este
pensamiento es poco conocido, pese a ser uno de los principales ejes al cual realmente
dedicó sus energías.
Juan Wesley, al igual que la Iglesia primitiva,
concibe la vida cristiana como “el camino” hacia el perfeccionamiento,
crecimiento, y maduración en santidad,
entendida ésta en términos neo testamentarios. Hay que explicar que la posición
de Wesley sobre el tema de la santidad es única en el protestantismo y de hecho
en la cristiandad y es un acento que hemos heredado de él. Lo particular es la
santificación de la vida, pero concebida en términos de la vida secular y éste
es el carácter exclusivo.
La Santidad es, entendida tradicionalmente como
el separase de la vida común y vivir en pequeños grupos elitistas, o de personas
en particular, que se separan y aíslan. Es decir, es algo que tiene que ver con
la intimidad, soledad, aislamiento en una celda monacal, al interior de un
convento, en una ermita o en el mejor de los casos, al interior de un
seminario. Pero el símbolo distintivo es el aislarse, “abandonar el mundo”,
separarse. Así es como se
concibe la santificación como opuesta al
compartir con la vida común. Sin embargo, Wesley la propone como algo que debe vivirse
en la vida común.
Wesley se apasionó tanto con este tema de la
santidad cristiana, lo hizo al punto de enseñar doctrina de la perfección
cristiana que según algunos eruditos resulta ser uno de puntos más controvertidos
de su pensamiento.
Para entender mejor el planteamiento del eje
temático de la santidad planteado por Wesley es necesario ubicarlo en su contexto.
Debemos decir que, el tema de la santificación
no es exclusivo de Wesley sino que, la tradición calvinista reformada también
lo sostenía como parte de su doctrina. Ahora bien, lo nuevo de Wesley es que la
planteaba como una santidad secular. Pero veamos qué es lo que proponían los
calvinistas.
Calvino en su escrito “Institución de la
Religión Cristiana” (III.14.9) dice: “Confesamos ciertamente que, cuando Dios
nos reconcilia consigo por medio de la justicia de Jesucristo, y habiendo hecho
la remisión gratuita de nuestros pecados nos considera justos, con esa
misericordia va unida otra bendición: que mediante su Santo Espíritu Dios
habita en nosotros, y que por su poder las concupiscencias de nuestra carne son
mortificadas cada vez más
de día en día, y que así somos santificados, es
decir, consagrados a Dios en verdadera pureza de vida, al tiempo que nuestros corazones
se forman en la obediencia en la ley, para que nuestro deseo principal sea
servir a sus deseos, y glorificarle por todos los medios” Comparando esta
posición con la luterana uno puede decir que la tradición calvinista insistió,
más que la luterana, en la necesidad de la santificación. En reacción a la
doctrina de la justificación por las obras, Lutero dice, que la justificación
es el acto de la misericordia de Dios, por el cual nos imputa la justicia de Jesucristo
y nos declara justo, aun cuando objetivamente no lo seamos. La justificación no
consiste en hacernos justos, sino en declararnos tales. Para Lutero quien ha
sido justificado ha de procurar agradar a Dios en santidad de vida; pero ha de
ser algo que surge espontáneamente del corazón del creyente, de tal modo que la
ley, que antes sirvió para condenarle, ya no tiene validez de obligación, sino
sirve como recordatorio del pecado que todavía permanece.
Pero la tradición calvinista, por otra parte,
dice que aun cuando ciertamente nuestra justicia no es sino la de Jesucristo,
con todo y eso la justificación ha de llevar necesariamente a la santificación,
y en ese proceso la ley ha perdido su poder de condenar; pero no ha perdido su
vigencia- excepto en aquellos elementos ceremoniales que eran figura y anuncio
de Jesucristo.
A estos dos énfasis distintos podemos decir
que, el peligro que asedia a la tradición luterana es el antinomismo94, el que amenaza
a la reforma calvinista es el legalismo. Wesley fue formado en la reforma calvinista,
por lo tanto, el
siempre insistió en la importancia de la
santificación y por ello combatió todo cristianismo que no tomara en serio la
vida en santidad
LA
SANTIDAD WESLEYANA EN EL ASPECTO PERSONAL.
Se cree que Wesley fue influido por William
Law, ya que sintió gran admiración por sus escritos. Así por ejemplo el sermón
95 (que se encuentra en el tomo 4 de las obras de Wesley) él cita a Law para
discutir los caminos que la educación ha de seguir: “Si hubiese continuado
siendo perfecto, tal como Dios creó al primer
ser humano, tal vez nuestra naturaleza perfecta
hubiera bastado para instruir toda persona. Pero así como las dolencias y enfermedades
han hecho necesarias la existencia de remedios y médicos, de igual manera los
desajustes de nuestra racionalidad han generado la necesidad de recibir
educación y de tener maestros. Y así como el único fin que persiguen los
médicos es restituir la naturaleza a su estado original. La educación, por
tanto, debe ser considerada como un segundo
intento de alcanzar la razón, y por medio de ella compensar, hasta donde sea
posible, la perdida de la perfección original. Si la medicina puede llamarse
con justicia el arte de restituir la salud, así también la educación no debe
verse sino como el arte de restituir al ser humano a su perfecta racionalidad”.
Así como esta cita hay varias más que Wesley
hace de los escritos de Law. Debemos decir también que, Wesley es heredero de
la tradición reformada puritana de énfasis en la santidad que cobró tanta
prominencia en la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII.
También hay que recordar que, Wesley sabía por
experiencia propia que ese énfasis en la santidad si no iba acompañado de otro
énfasis aún mayor, es decir, en la gracia y el amor de Jesucristo, podía tener
consecuencias desastrosas, es por eso que Wesley se distancio posteriormente de
Law y así lo refleja una
carta que le dirigió en términos bastantes
fuertes: “Llevo dos años dedicado particularmente a predicar siguiendo el
ejemplo de sus dos tratados prácticos, y todos los que me han escuchado han creído
que la ley es grande maravillosa y santa. Pero, tan pronto como intentaron
cumplirla, descubrieron que es demasiado alta para el mortal, y que mediante
las obras de la ley ninguna carne será justificada.
Para remediar esto, les exhorté, y me dediqué
yo mismo a orar asiduamente por la gracia de Dios, y hacer uso de los medios
que el Dios que todo lo sabe, ha provisto para obtenerla. Pero aún así, tanto
ellos como yo, nos convencimos más y más de que se trata de una ley que el
humano no puede vivir, porque la ley en nuestros miembros constantemente pugna
con ella, y que por tanto, nos lleva a un cautiverio aun mayor bajo la ley del
pecado.
Bajo ese pesado yugo hubiera yo gemido hasta el
momento de mi muerte, de no haber sido por un santo varón, a quien Dios me llevó
recientemente, al escuchar mi lamento respondió de inmediato: cree y serás
salvo. Cree en el Señor Jesucristo con todo tu corazón, y nada te será
imposible. Esta fe, y la salvación
que trae, es don gratuito de Dios. Busca, y
hallarás, Desnúdate de tus propias obras y de tu propia justicia, y busca
refugio en él.
Porque quien acuda a él, no le echará fuera”. Esta
carta muestra el quiebre de Wesley con Law ya que, le
pareció que la tendencia mística que Law tenía
era peligrosa. Lo importante en todo esto es que Wesley reconoce el valor de
los consejos de Law, y a través de toda su vida llamará a sus seguidores a una
vida santa. Reconoce también el peligro que se llegue a pensar que la santidad
es el camino que conduce a la salvación, de tal modo que el creyente, en lugar
de confiar en la gracia de Dios, confíe en su propia santidad. En este punto, Wesley
afirma categóricamente el principio protestante de la justificación gratuita. Y
lo afirma con palabras tan categóricas como las de Lutero o Calvino.
Como decíamos anteriormente, existe el peligro
que el énfasis en la gracia gratuita lleve al antinomismo. Ese peligro en la
tradición luterana, donde el principio de la justicia imputada ha llevado frecuentemente
al antinomismo. Según ese principio, que ya hemos mencionado, la justificación
consiste, no en que nosotros seamos justos, sino más bien en que Dios nos
imputa la justicia de Cristo, y gracias a ella nos declara justos.
Los abusos que hacía de esa doctrina llevaron a
Wesley a escribir un tratado sobre ella, en el que concluye: “Personalmente, me
siento absolutamente liberado de utilizar esa expresión debido al terrible
abuso que con demasiada frecuencia se ha echo de ella. Otra razón es que los
antinomianos la utilizan hasta el día de hoy para justificar las más
escandalosas abominaciones. Es motivo de profundo pesar ver cómo personas que
aman la santidad, que la predican y tratan de alcanzarla, llegan a creer que
honran a Cristo al mismo tiempo que aprueban el comportamiento de personas que
continuamente lo convierten en “ministro del pecado” y amparándose en esa
justicia imputada, alcanzan tal grado de iniquidad e injusticia que no tienen
paralelo ni aun en el mundo pagano” Lo que le preocupaba a Wesley de la
doctrina de la justicia imputada era ante todo el peligro de que llevara al
libertinaje antinomiano. Si la justificación consiste solamente en que Dios ve en
nosotros la justicia de Cristo, y no en que de algún modo comienza
consiguientemente a hacernos efectivamente justos y santos, la consecuencia
casi ineludible es que nuestra conducta no importa para nada respecto a la
justificación, pues nada que hagamos puede en modo alguno disminuir o borrar
esa justicia de Cristo que nos ha sido imputada. A Wesley le preocupa esa
doctrina porque parece implicar que, una vez recibida esa justificación, no hay
nada más que hacer. En el mismo tratado antes citado continúa diciendo: “…Si yo
me apropio de la obediencia de Cristo en el instante en que me hago creyente
(Tal como me lo hace suponer ese tipo de expresiones), ¿acaso hay algo más que
pueda agregar? ¿Puede mi propia obediencia a Dios agregar algo a la perfecta
obediencia de Cristo? Según este esquema de pensamiento ¿no se encontrarían el
santo y el impío exactamente en la misma condición?” Diciéndolo de otra forma,
si lo que Dios ve en nosotros es la justicia de Cristo, si esa justicia es
perfecta, no nos queda más que hacer, sino sencillamente vivir como nos de las
ganas. La justicia que ya tenemos, aunque no nos pertenece, es perfecta.
Por lo tanto, no queda lugar para la santificación,
que es tan importante para Wesley así como para toda la tradición reformada.
Recordemos la cita de Calvino que aludimos anteriormente, él decía que junto a
la gracia que nos justifica, con esa misericordia va unida otra bendición; que
mediante en Espíritu Santo Dios habita en nosotros, y que por su poder los pecados
de nuestra carne son mortificados cada vez más día a día. Pero la cita de
Calvino continúa: “Pero aun cuando mediante la dirección del Espíritu Santo
andamos en los caminos del señor, a fin de que no nos olvidemos de nuestra
condición y nos hinchemos, siempre permanecen rasgos de nuestra imperfección, que
nos dan ocasión de ser humildes…Que algún santo siervo de Dios escoja de toda
su vida una sola acción que piense sea notable. Que la examine en su mente
detalladamente. Sin duda alguna encontrará en ella algo que todavía lleve el
hedor de la carne corrupta, porque nuestro deseo de hacer el bien nunca es lo
que debería ser…Las manchas en las obras de los santos se ven claramente,
aunque no sean sino pequeñísima máculas; y, ¿cómo no han de ser ofensivas ante
los ojos de Dios, ante quien ni siquiera las estrellas son puras?” En contraste
con Calvino, Wesley siempre creyó y enseñó que la perfección cristiana si es
posible. Wesley proponía la perfección cristiana como la meta de todo creyente,
y no sólo para la vida futura, sino para la presente, el decía que era la única
manera de mantener a los miembros en una constante búsqueda de la obediencia y
santidad. Claro está que, hay que advertir que la doctrina de la perfección
cristiana tiene sus peligros los cuales Wesley reconoce, por ejemplo un grupo
de creyentes de Londres pretende haber sido perfeccionado, pero tales excesos
no anula que se deba predicar de la perfección no sólo para la vida futura, sino
también para la presente.
Las razones de Wesley para insistir en la
doctrina de la perfección, son los variados textos bíblicos que hablan de la
perfección cristiana. Tal es el caso de la frase de 1° de Juan donde dice: “Todo
aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado” (1° Juan 3:9; 5:18), así
como en varios pasajes en Santiago, donde las palabras tales como perfecto y
perfeccionar aparecen repetidas veces.
¿Qué es lo que Wesley entiende por perfección
cristiana? En su tratado sobre “La Perfección Cristiana”, aclara que: “Los
cristianos no son perfectos en conocimiento. No están libres de ignorancia ni
están libres de equivocarse. No se puede pretender que una persona sea
infalible ni omnisciente. Los cristianos no están libres de ciertas
debilidades, por ejemplo ser lerdos y flojos de entendimientos, o tener poco, o
nada, de imaginación. Otros ejemplo puede ser no utilizar un lenguaje apropiado,
o tener problemas de dicción, y a esto podríamos agregar un sin fin de problemas
más en su manera de hablar o comportarse. Nadie se libera completamente de
estos problemas hasta que su espíritu no esté nuevamente con Dios. Hasta
entonces, tampoco podemos esperar estar completamente libres de tentación ya que,
”el siervo no es mayor que su señor”. En ninguno de estos sentidos es posible
encontrar absoluta perfección en la tierra. No existe ningún grado de
perfección que nos impida seguir avanzando”.
Uno descubre en estas palabras tres
aclaraciones importantes:
- En primer lugar, la perfección cristiana no
consiste en no equivocarse ni tener otros defectos mentales, físicos, o hasta
de acción. La perfección cristiana no nos libra de las imperfecciones de la
naturaleza humana.
- En segundo lugar la perfección cristiana no
libra al creyente de las tentaciones
- Lo tercero es que, la perfección cristiana,
no lo es en el sentido de que no quede ya lugar para continuar creciendo. No se
trata de una perfección estática. En su sermón sobre este tema, Wesley lo dice
claramente: “…Todo aquel que es perfecto es santo, y todo el que es santo es,
en el sentido bíblico, perfecto. Sin embargo,
podemos observar que ni siquiera en este
aspecto hay perfección absoluta en la tierra. No hay último grado de perfección,
como se le denomina; nada que no admita un crecimiento continuo. De modo que
por más que una persona haya alcanzado, o por más alto que sea su grado de
perfección, todavía necesita crecer en la gracia, y avanzar diariamente en
conocimiento y el amor de Dios su Salvador”.
En este sermón Wesley rechaza la idea que en
esta vida se alcance una perfección tal que uno haya muerto al pecado, y no necesite
nada más. Para Wesley, la perfección cristiana consiste, no en tal o cual
acción o serie de acciones, sino que haya en nosotros el mismo sentir que hubo
en Cristo Jesús, de tal modo que el motivo de nuestras acciones sea el amor a
Dios y al prójimo. La perfección cristiana no es entonces otra cosa que la plenitud
del amor, y la plenitud de la vida que de él fluye.
Según Elsa Támez en su comentario a la carta de
Santiago dice:
“¿Qué significa ser perfecto? La palabra nos
suena chocante; tal vez porque en nuestra sociedad el pensamiento dominante tiende
hacia la búsqueda constante de lo perfecto, pero en un sentido totalmente
opuesto al de Santiago y Wesley. La axiología actual está invertida, mientras que,
para la sociedad o el mundo, en términos de la carta de Santiago y Wesley es lo
contrario es estar pendiente de los necesitados para ser coherentes con lo que
creemos y leemos en la Biblia. La perfección de nuestro tiempo margina al
pobre, al minusválido- la perfección está ligada a lo sin defecto; es mentirosa
porque el mundo de las apariencias lo domina todo. En Santiago y Wesley la
perfección está vinculada a la sinceridad, mientras que hoy día lo perfecto se rige
por el nivel de las apariencias. Los modelos que la sociedad impone son
individualistas, en ellos no hay cabida para la solidaridad; la imagen de lo
perfecto ya está dada: seguir el modelo de tener buenas posibilidades
económicas, buena educación, no tener defectos físicos. Wesley, nos desafía a
buscar otro tipo de perfección, la auténtica. Aquel tipo de perfección que no
divide a las personas y comunidades entre si, aquel que exige ser íntegro,
cabal, completo. Aquel que vincula las realidades con la fe y actúa
coherentemente con lo que dice y hace.”
Como último en esta parte podemos decir que
Wesley sostiene que la perfección se puede perder después de haberla alcanzado.
Para él la perfección es siempre dinámica, es
un movimiento que requiere disciplina y gracia renovada. Es por eso que en
nuestra Iglesia Metodista, en el servicio de ordenación, se le pregunta a los
candidatos, “¿Estas avanzando hacia la perfección?, no se le pregunta si ha
llegado a la perfección.
La Santidad, más que alcanzar grados de ella,
es un movimiento, un proceso, una dirección que solo se llega a terminar,
cuando el Señor nos llame a su presencia.
LA SANTIDAD Y SU DIMENSIÓN COMUNITARIA.
Dentro del esquema de santidad secular que se
destaca en el rol de Wesley, éste reconoce a la Iglesia, lo que permite afirmar
que su teología es, en el fondo una eclesiología, una reflexión de la naturaleza
y misión de la Iglesia.
Para Wesley, la santidad secular se nutre,
orienta, crece, profundiza, enriquece en el seno de la comunidad de creyentes.
Es decir, la Iglesia no es para Wesley un
refugio contra las vicisitudes de la vida un oasis de paz donde las
preocupaciones de lo cotidiano no tienen lugar, quedan fuera. La Iglesia es
para Wesley, los creyentes que se reúnen para adorar, escuchar la palabra,
participar del sacramento, edificarse mutuamente. De allí que, para Wesley, la
santificación de la vida del creyente no corresponde a un apartarse de todo de
las cosas cotidianas, sino apartarse de todo cuanto no dignifica la condición
humana. No es rehuir de las cosas cotidianas, sino agregarle una dimensión de gracia,
de vida, de eternidad. Una dimensión evangélica Wesley discutió con los místico
por el énfasis que estos daban en la santidad individual y solitaria, ya que el
consideraba el evangelio como algo comunitario y solidario. El Dice: “Porque la
religión en la que estos autores pretenden edificarnos es una religión solitaria….
El Evangelio de Cristo se opone diametralmente a esto.
En él no se encuentra la religión solitaria.
Santo solitario es una frase contraria al Evangelio como santos adúlteros. El
evangelio no reconoce, ninguna otra santidad que no sea Social (Ed. Jackson,
14: 321)”
Aquí Wesley está hablando de una santidad
social en el sentido de la comunidad de la Iglesia. Por lo tanto, puede decirse
que para Wesley sin la Iglesia no hay santidad social. Esto lo expresa Wesley
en varios de sus sermones como por ejemplo en el N° 24 (Que se encuentra en el
tomo 2 de las Obras de Wesley) “Primero, trataré de demostrar que el
cristianismo es esencialmente una religión social, y que tratar de hacerla una religión
solitaria es en verdad destruirlo. Por cristianismo quiero decir ese método de
adorar a Dios que Jesucristo reveló a la humanidad. Cuando digo que ésta es
esencialmente una religión social, quiero decir que no sólo no puede subsistir
sino que de ninguna manera puede existir sin la sociedad, sin vivir y mezclarse
con los seres humanos” Con esto Wesley no está diciendo que los momentos de
soledad sean malos, al contrario en el mismo sermón señala:
“De ninguna manera podemos condenar los
intervalos de soledad o retiro de la sociedad. Esto no solo es permitido, sino conveniente;
más aún, es necesario, como lo muestra la experiencia diaria para todo aquel
que ya es un verdadero cristiano o que desea serlo. No podemos pasar un día
entero en trato constante con otras personas sin sufrir alguna pérdida en nuestra
alma y, en alguna medida, sin contristar al santo Espíritu de Dios. Necesitamos
retirarnos diariamente del mundo, al menos por las mañanas y por las tardes,
para conversar con Dios, comunicarnos más libremente con nuestro Padre que está
en secreto. Ninguna persona de experiencia puede condenar aún más largos
períodos de retiro religioso, siempre que no ocasiones negligencia de las
tareas terrenales donde la providencia de Dios nos ha colocado” Wesley también
relaciona la santidad social con la necesidad imperiosa que tenemos del apoyo y
compañía de otras personas de fe, si alguien piensa que el contacto con el
resto de la sociedad no es necesario para la santidad está equivocado y lo expresa
de esta manera: “Sin embargo, uno puede preguntarse ¿no será oportuno conversar
sólo con personas buenas? ¿Sólo con aquellos que conocemos como mansos y
misericordioso, puros de corazón y de vida santa? ¿No es mejor abstenerse de toda
conversación o trato con personas de carácter opuesto? ¿Con personas que no
obedecen, que tal vez no crean, al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo? Sería
muy fácil mostrar que cierto trato con personas irreligiosas e impías es
absolutamente necesario a fin de ejercitar todo el poder del carácter que él ha
descrito como el camino del reino; que es absolutamente necesario para ejercitar
por completo la pobreza del espíritu, de la compasión, y de toda otra virtud
que tiene un genuino lugar en la religión de Jesucristo. Por cierto, dicho
trato es necesario para la existencia misma de algunas de estas virtudes de la
mansedumbre, por ejemplo, que en vez de exigir “ojo por ojo y diente por
diente”, más bien requiere “no resistáis al malo antes, a cualquiera que te
hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”; de aquella misericordia
por la cual amamos a nuestro enemigo, bendecimos al que nos maldice, hacemos el
bien al que nos aborrece, y oramos por los que nos ultrajan y nos persiguen; y
de esa complicación de amor y de toda santa disposición que se practica al
sufrir por causa de la justicia. Ahora bien, es evidente que nada de esto
existiría si solo tenemos trato con personas verdaderamente cristianas” Para
aquellas personas quienes adoptan una postura individualista y ultramontana.
Wesley les dice: “Pero “Dios es espíritu, los que le adoran, en espíritu y en verdad
es necesario que le adoren” ¿No es esto suficiente? ¿No debemos emplear en esto
todas las facultades de nuestra mente? ¿No es cierto que al ocuparse de estas
cosas externas, el alma se entorpece de tal manera que no puede elevarse a una
santa contemplación” El mismo Wesley contesta a las objeciones: “Respondo:” Dios
es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le
adoren.” Cierto, y esto basta. Debemos emplear en ello todas las facultades de
nuestra mente. Pero yo preguntaría ¿Qué cosa es adorar a Dios, un Espíritu, en
espíritu y en verdad? Es adorarle en nuestro espíritu; adorarle como sólo los
espíritus pueden adorar.
Por consiguiente, uno de los modos de adorar a
Dios en espíritu y en verdad es guardar sus mandamientos exteriores. Es
glorificarle, pues, en nuestro cuerpo, lo mismo que en nuestras almas.
Desempeñar nuestras obras externas con nuestros
corazones levantados hacia él. Hacer de nuestra ocupación diaria un sacrificio
a Dios. Comprar y vender, comer y beber para su gloria.
Esto es adorar en espíritu y en verdad tanto
como hacerle nuestras oraciones en el desierto”
Una de las formas que Wesley considera
importante para desarrollar la santidad social es el uso de los bienes y del
dinero. Para él la vida económica de los creyentes tiene enorme importancia,
tanto para la vida devocional como para el orden social ya que el mal uso de
las riquezas por parte de algunos cristianos, y sobre todo las políticas de
estado que permiten y hasta estimulan ese mal uso, producen hambre en otras
personas.
Para Wesley, la cuestión de la riqueza no se
relaciona sólo con la devoción privada, sino también con la vida de otras
personas
–quien hace mal uso de ellas se hacen culpable,
no sólo de distracción, sino también del hambre y hasta de la muerte del prójimo.
Wesley fue enfático en sostener que la santidad
conlleva oposición a otros males tales como la guerra, el colonialismo y sobre
todo, la esclavitud. En el tratado siete de las obras de Wesley examina la
historia de la esclavitud, y sobre todo el modo en que se lleva a cabo el
tráfico de esclavo en su tiempo. Wesley argumenta: “¿Dónde está la justicia de
infringir los males más severos contra quienes no nos han hecho ningún mal? ¿De
impedir todo bienestar para sus vidas a quienes nunca nos han perjudicado ni de
palabra ni de hecho? ¿De arrancarlos de sus países nativos privarlos de la
libertad misma, a la cual un angoleño tiene el mismo derecho natural y a la
cual le reconoce tan alto valor como a un ingles? En efecto, ¿Dónde está la
justicia de quitarle la vida a personas inocentes e inofensivas, matando a miles
de ellas en su propia tierra por manos de sus mismos compatriotas? ¿Y año tras
años dar muerte a muchos miles en los barcos y arrojándolo luego como estiércol
al mar; y a decenas de miles más en esa cruel esclavitud a la cual son
injustamente reducidos?” Podemos concluir diciendo que Para Wesley sus críticas
al sistema económico de la época, su ataque a la esclavitud, y otras tantas
cosas que no hemos tratado en este breve trabajo son parte de su entendimiento
de la santidad. Basándose en la búsqueda de la santidad que fue parte de su
vida desde los días de estudiante y hasta el fin de sus días. En lo económico,
Wesley no solo predicaba el compartimiento de los bienes, sino que lo practicaba.
Para él, parte de la santidad eran los tres puntos:
“gana todo lo que puedas; ahorra todo los que
puedas; Da todo lo que puedas”. Pero en el segundo punto se refiere a que dejemos
de gastar todo lo que podamos, para que podamos darlo.
Con estos pensamientos Wesley está aplicando lo
que citamos en principio: “el Evangelio no reconoce ninguna religión que no sea
social, ninguna otra santidad que no sea la santidad social”.
¿Estamos practicando este evangelio los
metodistas?
PREGUNTAS DE REPASO Y DISCUSIÓN GRUPAL.
1.- Plantear estilo o formas en que se pueda
expresar santidad de vida hacia otra/os.
2.- Explique cuál es la diferencia, si la hay,
entre salvación y la santificación.
3.- ¿Cuál es el significado de la perfección
cristiana, tiene alguna relación con la santificación?
4.- ¿Por qué la iglesia se compromete (o no)
con temas sociales, a partir de qué elementos se dan ambos casos?
5.- Enumere cuales son los principales
problemas de ese compromiso, Indique que/quienes son responsables del mismo.
6.- ¿Qué le pareció lo planteado? ¿Qué punto le
llamó la atención y porque
CUADRILÁTERO WESLEYANO
Biblia,
Tradición, Razón y Experiencia
Juan Wesley y los fundadores del metodismo,
siempre se sintieron herederos de la fe universal de la Iglesia y a la vez,
continuadores de los postulados de la Reforma Protestante. Así, la Iglesia
Metodista de Chile, como Iglesia Cristiana Evangélica que es, posee un cuerpo
de doctrinas o fundamentos teológicos que se refieren a aspectos que son
comunes para todas las Iglesias cristianas, sean evangélicas (protestantes),
católicas u ortodoxas. Estas doctrinas contienen los principios acerca de Dios
(Padre – Hijo – Espíritu Santo), el Hombre, la Salvación y la Iglesia, y la
exposición de ellas es la afirmación de nuestra fe, la explicación de aquello
en lo cual creemos.
Los fundamentos de estas doctrinas se
encuentran en cuatro elementos principales: La Biblia, La Tradición, La Razón y
la Experiencia. Estas cuatro fuentes del pensamiento teológico metodista son
las que dan el soporte a las doctrinas señaladas anteriormente.
1. LA BIBLIA: Para la Iglesia Metodista la Biblia
es la primera y más importante fuente de doctrina, ya sea acerca de Dios, el
hombre y la mujer, la salvación o la Iglesia. Para los metodistas, la Biblia es
el fiel registro de la revelación de Dios y de su plan de salvación y toda
doctrina se fundamenta en su claro testimonio. Uno de los Artículos de Fe de la
Iglesia Metodista respecto de la Biblia, contenido en el Reglamento de la
Iglesia, señala que “…las Sagradas Escrituras contienen todas las cosas
necesarias para la salvación”. De igual modo el metodista, al hacerse miembro
de la Iglesia confiesa que “recibe y profesa la fe cristiana como está
contenida en el Nuevo Testamento de nuestro Señor Jesucristo”. Además, siendo
la Biblia Palabra revelada por Dios al hombre, para que a través de esta revelación
encuentre el camino de la salvación, la Biblia expresa también como el hombre
debe vivir o moldear su vida. En resumen, para el cristiano metodista la Biblia
es la única norma de fe (doctrina) y conducta (ética).
2. LA TRADICIÓN CRISTIANA. La segunda fuente
de autoridad para el pueblo metodista se encuentra en la tradición cristiana.
En los siglos de experiencia de la Iglesia Cristiana la obra del Espíritu Santo
siempre estuvo presente en ella, sobre todo cuando al pasar de los años, la
Iglesia de los primeros siglos entendió que era necesario definir en la forma
más precisa posible en que consistía su fe, cuál era la “sana doctrina”, según
el decir del apóstol Pablo. Por ejemplo, el “Credo de los Apóstoles”- el más
antiguo resumen de afirmación de fe- es producto del consenso a que llegan los
primeros cristianos; posteriormente, a través de sucesivos concilios se logra
afirmar con toda claridad la naturaleza humana y la naturaleza divina de
Jesucristo. Por otra parte, uno de los primeros problemas que tuvo que decidir
la Iglesia primitiva fue definir cuales eran los escritos que deberían formar
el total de las Sagradas Escrituras y esto se fue decidiendo también por el
acuerdo a que llegaron las antiguas Iglesias. Todo lo anterior conforma la
expresión más auténtica de la tradición de la Iglesia, a la cual se agregan
también los escritos de los primeros padres, como San Agustín, y la obra de los
Reformadores como Lutero, Calvino y otros.
3. LA RAZÓN. Un tercer elemento presente en el
pensamiento teológico metodista es la razón. Los metodistas insisten en que el
contenido de la fe cristiana sólo se deriva de la revelación de Dios contenida
en la Biblia, pero están muy conscientes de que la Biblia se puede interpretar
en forma caprichosa y errónea, como históricamente ha sucedido y sucede,
especialmente cuando estas interpretaciones se vuelven contra el ser humano.
Para evitar esto, la Iglesia metodista apela a la tradición de la Iglesia y al
consenso que existe en la doctrina históricamente formada en los primeros
siglos, así como también apela a la razón como correctivo de las
interpretaciones antojadizas. Juan Wesley- fundador humano de nuestra Iglesia-
decía que “toda religión irracional es falsa religión”. Una actitud de
misticismo puro, por ejemplo, que sólo valoriza el sentimiento y desprecia la
razón, es contraria a las Escrituras. No obstante, hay que señalar que la razón
no nos provee de otras fuentes de revelación, sino que es una facultad lógica
que nos capacita para ordenar y comprender la evidencia de la revelación y,
junto con la tradición, nos provee de las armas necesarias para evitar
interpretaciones equivocadas de las Escrituras. La razón ayuda a moderar los
estados emotivos irracionales en los cuales pueden caer los creyentes. Por esto
consideramos que una de las características del metodismo es “un entusiasmo
racional”.
4. LA EXPERIENCIA PERSONAL. Por último, los
metodistas consideran que todo lo anterior, es decir, el testimonio de la
Biblia, la Tradición Cristiana, y el respaldo de la Razón, debe conducir a que
el mensaje de salvación y la comunión con Dios lleguen a ser una experiencia
personal. El cristiano metodista es aquel que se da cuenta, no sólo
intelectualmente, sino con todas las facultades de su persona, que sus pecados
han sido perdonados y que es salvo en Cristo. Esta es la Doctrina de la
Justificación por la Fe que expuso el apóstol Pablo, que enfatizó Lutero y de
la cual dan testimonio miles y miles a través de la historia. Como ocurre con
los elementos expuestos anteriormente, la experiencia no es una fuente de
verdad separada de la Biblia, sino que esta experiencia personal, movida por el
Espíritu Santo, hace realidad toda verdad doctrinal, transforma la fe en algo
personal y único. Sólo en el encuentro personal con Dios a través de Jesucristo
las doctrinas se convierten en convicciones y son base de seguridad. Para los
metodistas, mucho más importante que la precisión de la terminología con la
cual expresamos nuestra fe, es que vivamos en amor. John Wesley lo afirmaba
así: “Un metodista es una persona en cuyo corazón el amor de Dios ha sido
derramado por el Espíritu Santo que nos fue dado”.
Cuando Dios ocupa el centro
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